lunes, 4 de julio de 2011

Papallones.

Me regalas una caja de papel verde. Tiene marcas de dobleces que quieren mostrar que la has hecho tú con tus manos, con esa sabiduría que llaman papiroflexia. Dentro, mariposas de colores de distintos tamaños, cada una con sus dos ojos pintados. No vuelan, pero para volar ya están las que me acabas de provocar tú, en mi estómago.


Em donnes una caixa de paper verd. Té marques de doblecs que volen mostrar que l'has fet tu amb les teves mans, amb aquesta saviesa que diuen papiroflèxia. A dinspapallones de colors de diferents mides, cadascuna amb els seus ulls pintats. No volen, però per volar ja hi ha les que m'acabes de provocar tu, al meu estómac.

viernes, 24 de junio de 2011

Y durante un tiempo indeterminado mientras el cual,
el reloj se paró y sólo estaba tu cuerpo
                                                       [y el mío,
dejamos, en la noche más corta del año de oír,
petardos y de oler a pólvora y sólo nos oíamos,
                                                         [nosotros.

domingo, 5 de junio de 2011

[…] Isaac tomó un candil del suelo y lo alzó a la altura de mi rostro.
            -Tiene usted mala cara – dictaminó.
            -Indigestión –repliqué.
            -¿De qué?
            -De realidad.
            -Póngase a la cola –atajó. […]


                                        Carlos Ruíz Zafón. 'El juego del ángel'.

domingo, 22 de mayo de 2011

No basta que callemos y además no es posible.
                                                        Luis Rosales.

sábado, 14 de mayo de 2011

[...] Y en mitad del relámpago llegó el mal,
                                               de altura. [...]


Boca en la tierra. Mapas. Vetusta Morla.

www.vetustamorla.com

martes, 10 de mayo de 2011

Y en dos horas.

Y en dos horas 'ma chambre' está vacía. Las ventanas abiertas dejan que el aire se lleve mi olor. No hay sábanas en la cama, ni fotos en las paredes, sólo queda un calendario con todos los días tachados. Mi armario está vacío y mi esternón a punto de estallar. Las maletas llenas me dicen que no dormiré más aquí, que no abriré más mis contraventanas verdes (y ni siquiera sé aún cómo se dice contraventana en francés).
Cuándo volveré a recorrer la interminable Robert Schumann en dirección a "n'importe quelle rue" dónde me encontraría con vosotros, cada uno venido de un lado del mundo (como si contaras un chiste: 'ésto es un inglés, un alemán, una francesa, un estadounidense, un canadiense, una griega y cuatro o cinco españoles...' eso es solo el comienzo, la historia puede acabar de maneras totalmente incontrolables), y todos tan amigos, y todos con tantas ganas de conocer, de saber, de querer.
Es una tristeza fruto de una felicidad intensa, lo sé. Pero es muy difícil dejar esa sensación, que va a ser única, y que nunca más volverá a repetirse. Y a su vez eso es lo que lo hace inolvidable.